domingo, 1 de agosto de 2010

De tripas corazón.

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Yo no se como se hace… creo que por un buen rato mas habrá cosas que no me interesaran como antes, o talvez no me interesen nunca mas, o talvez de pronto me de cuenta que han vuelto a encantarme.

Tu vocecita chillona me agota, la encuentro opaca y a mi me gustan los brillos, no los que encandilan (mas aun si ando sin lentes), me gustan los brillos suaves, suaves y dulces.

Las cosas pocas me sorprenden, en este tiempo se ha perdido tanto, eso de la sencillez o de lo que tú y yo reconocemos como sencillez y simpleza y que de pronto es súper complejo. Me da rabia, pero mi cabeza de pesa, me hace entenderlos un poco. Me gustaría que me entendieran un poco igual, que nos entendieran. No hay precio… no hay precio que sorprenda a una princesa.

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Creo que fue una noche perfecta, sobre todo cuando abrí los ojos y decidí escapar, arrancar lo más rápido posible… como si con eso se anulara todo, como si con eso todo se pudiera borrar. Me habría encantado tener el aparatito de “Hombres de Negro” y haber podido cambiar tu memoria en ese momento, y lograr que pensaras que todo fue un sueño o una pesadilla, me da igual. Pero no que sintieras que las cosas efectivamente habían pasado.

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El sentido y el valor de esas cosas tan simples como lo es un abrazo, como lo es una sonrisa, como lo es una lágrima o una caricia, no es algo que quiera explicar a ti ni a nadie, pero esa madrugada cambiaron para mí, CAMBIARON.

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Me encontré un tesoro esa noche, o más bien te robe el que te había entregado, me siento delincuente, pero yo no mas lo se, todo porque en tu presente no hubo tesoro, ni ladrona, ni nada. Me gusta está nueva sensación, es fascinante.

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Debería tener pena? Debería tener vergüenza? Debería preocuparme?, en realidad debería muchas cosas, pero no las quiero para mi. Finalmente esas cosas involucran a otros, que no se imaginan lo que paso y no me importan.

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