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José Antonio se levanto temprano, no le peso la rutina semanal de los estudios y el trabajo, cuando el reloj lo despertó a las 6 de la mañana. Un día sábado frío y un amanecer oscuro, lo esperaban cuando se enderezo de la cama y se puso las pantuflas. Nunca dudo en levantarse, podría haberse quedado enredado en las sabanas, llamar a su novia y tener una de esas mañana candentes que solo en sus mas insólitos sueños podían ser posibles. Prendió el calefón y se metió a la ducha, cuando se vestía el silbido de la tetera le avisó que el desayuno estaba listo. Salio de la casa a las 6 y media, la calle de cemento resquebrajado estaba resbalosa, la humedad entraba por sus narices y lo abandonaba como vapor entre sus labios. A la distancia vio la camioneta blanca en la que el papá de su amigo lo pasaba a buscar para repartir los diarios en los kioscos de barrio.
La camioneta paro, y al abrir la puerta antes de un buenos días escucho la vocecita burlona preguntando ¿Porque eres tan canuto Pepe Antony?, como le decían de chico sus amigos para molestarlo, estaba de moda en ese tiempo que todos le ponían nombres en ingles a sus hijos, porque definitivamente no es lo mismo actualmente un joven de 25 años que se llame Brian que escuchar en la micro a un escolar gritarle a su compañero que vio en la parte de atrás, -oye Brayan. Los tiempos cambian y la forma de ver las cosas también. En este caso pepe no tiene nada de gringo pero Antony le da el toque malévolo.
El, solo arreglo su corbata y se preocupo que al sentarse las aletas de la chaqueta sabatina no se arrugaran. Repartieron diarios en 12 kioscos entre Ñuñoa, Providencia, Macul y La Florida, tenían el recorrido armado hace ya años y definitivamente era mas eficiente que los ridículos recorridos del Transantiago que le toco hacer solo, cuando la camioneta estaba en el taller para poder sacar la revisión técnica. Al terminar volvían a su lugar de origen y alcanzaba justo a llegar a las 8 y media a la iglesia para salir a predicar la palabra del señor. Su grupo era de 6 personas y ya tenían el sector asignado, se conocían a la perfección y sabían las cualidades de cada uno para poder establecer conversaciones con las personas que encontraban en la calle, o las que decidían salir a atenderlos cuando escuchaban que alguien tocaba la reja o el timbre, incluso habían algo así como “clientes frecuentes” que los esperaban con una merienda para leer en grupo la revistita “Atalaya”, que por cierto, se saben al revés y al derecho. José Antonio ese mañana, estaba reluciente, le daba energía salir a predicar todo lo bello que le daba la biblia, poder entregarlo a otros y enseñar lo hermosa que era la vida con ese libro en la mano.
Y Paula, Paula la noche anterior…
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A mi me resulta un poco difícil entender la falta de libertad en su doctrina y para ellos yo, no estoy salva. Amén.
La camioneta paro, y al abrir la puerta antes de un buenos días escucho la vocecita burlona preguntando ¿Porque eres tan canuto Pepe Antony?, como le decían de chico sus amigos para molestarlo, estaba de moda en ese tiempo que todos le ponían nombres en ingles a sus hijos, porque definitivamente no es lo mismo actualmente un joven de 25 años que se llame Brian que escuchar en la micro a un escolar gritarle a su compañero que vio en la parte de atrás, -oye Brayan. Los tiempos cambian y la forma de ver las cosas también. En este caso pepe no tiene nada de gringo pero Antony le da el toque malévolo.
El, solo arreglo su corbata y se preocupo que al sentarse las aletas de la chaqueta sabatina no se arrugaran. Repartieron diarios en 12 kioscos entre Ñuñoa, Providencia, Macul y La Florida, tenían el recorrido armado hace ya años y definitivamente era mas eficiente que los ridículos recorridos del Transantiago que le toco hacer solo, cuando la camioneta estaba en el taller para poder sacar la revisión técnica. Al terminar volvían a su lugar de origen y alcanzaba justo a llegar a las 8 y media a la iglesia para salir a predicar la palabra del señor. Su grupo era de 6 personas y ya tenían el sector asignado, se conocían a la perfección y sabían las cualidades de cada uno para poder establecer conversaciones con las personas que encontraban en la calle, o las que decidían salir a atenderlos cuando escuchaban que alguien tocaba la reja o el timbre, incluso habían algo así como “clientes frecuentes” que los esperaban con una merienda para leer en grupo la revistita “Atalaya”, que por cierto, se saben al revés y al derecho. José Antonio ese mañana, estaba reluciente, le daba energía salir a predicar todo lo bello que le daba la biblia, poder entregarlo a otros y enseñar lo hermosa que era la vida con ese libro en la mano.
Y Paula, Paula la noche anterior…
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A mi me resulta un poco difícil entender la falta de libertad en su doctrina y para ellos yo, no estoy salva. Amén.