sábado, 27 de marzo de 2010

Demonios… cuanto te amé.

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Ya en la meta, ya en el fin.

En la meta, sin ningún lugar ganado, sin un premio, ni siquiera de consuelo… ni con un “gracias por participar”. Nada!

Te amé con toda mi piel, con todos mis huesos, con todas mis ganas, con todas mis locas ideas y paranoicas historias, con cada uno de mis poros, con cada pestaña de mis ojos, con cada suspiro, cada pena y cada sonrisa.

Te ame en público y grite tu nombre mil veces, mil veces fui tuya y tu al parecer nunca mío, al parecer… porque así lo siento… finalmente todo es al parecer.

¿Pareciera acaso que no te amé, que no te dije nada, que no moví mis brazos pidiendo que te sentaras a mi lado y te dejaras llevar?

Te amé en silencio, unos cuantos meses y talvez te ame en silencio unos cuantos mas, te amé a mi modo, sin que tuviera algo que ver con el tuyo, que invalidé, que no entendí y que podría ser también que simplemente nunca conocí.

Enredada entre caricias y manos desconocidas, te amé, con rabia y dolor te amé, perdida con la música y los gritos te amé, en las tardes de sol, en amaneceres nublados y noches calientes, también te amé.

Te amé en secreto, como una villana, que se esconde de los juicios, de la delicadeza de la mujer y miente. Te amé mintiendo, te amé negándolo todo… te amé hasta ahora, con veneno y dulzura. Te borre de mi historia y seguí amando tu recuerdo, te traje a la vida y a la lucha, la lucha de mi con el resto, de mi contigo y de mi con yo, y en ese preciso momento también te amé. Te amé a la distancia, mientras tus ojos veían otras luces y tus oídos escuchaban otras voces y tus manos… tus manos ya no eran mías, y a esa distancia… a esa distancia junto a tus labios resecos, te amé. Te amé con excusas y justificaciones, te amé con silencio… te amé. Te amé con fortaleza, sin vergüenzas, con tu ceño fruncido, tu pelo crespo, con tus uñas largas y palabras truncadas te amé.

Te amé completo e incompleto, con tus virtudes y defectos, con las ganas que me das y las que abandonaste, con las comas mal puestas, los acentos donde no corresponden, con todo eso incluido te amé.

Te amé hasta la meta, hasta la meta que elegiste o que yo me tracé… para no seguir amándote…

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Demonios... cuanto te amé.

101

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Ciento uno son los dálmatas, siento un corazón latir, 101 es el número de esta entrada, siento que el 101 es un buen número, igual de atrás para delante…