sábado, 3 de octubre de 2009

Caí redondita.


A mi familia,
a mis amig@s del colegio,
a mis amig@s de la casa,
a mis amig@s de la universidad,
a mis amig@s de la vida.


Me encantaría saber si a alguien se le ocurrió grabar mi cara y mi reacción cuando abrí la reja de mi casa, no se si antes había dicho tantas veces que no seguidas, no se si había sentido antes tantas culpas por mentir. Nunca antes en mi vida había quedado en ese extraño estado.

No se… no entiendo nada, reconozco que por un momento pensé que nada de lo que pasaba era real, mi papá estaba bien; el auto estaba completo, las luces apagadas, y el perfil de igualado hacían los clic.

Cuando me senté en el patio, supongo que intentaba recolectar valor para entrar, y “asumir” la realidad. Cuando salio a buscarme mi mamá… estaba el chancho tirao’, no había mas que hacer que disfrutar.

Soy terrible pollo a veces, lo admito, nunca sospeche nada jamás lo imagine.

Solo me queda decir gracias. Gracias totales a todos, quiero estar de cumpleaños todos los meses si va a ser esta la forma de celebrarlo. xD

Desde las 00:00 del 30 de septiembre, fue una correlación de hechos me energizaban constantemente, las palabras dichas y escritas en una muralla, el chocolate derritiéndose en mi boca, el abrazo de la matriarca que tiene la culpa de ser como soy, el despertar con incertidumbre al pensar - ¿que diablos pasara hoy?.

La tardanza en llegar a almagro, el concierto en el sucucho con mi veci, el regalo sensacional de mi amigas de la U que me engañan con la facilidad con la que pestañean, y si digo que lo hacen con facilidad es porque son princesas.
La escala de Richter quedo chica para medir la sensación de ser piojos, de perderme en un acordeón, de suplicar al tío del colectivo que se apurara porque estaba de cumpleaños y debía llegar rápido a mi casa.
Mercali tampoco se la pudo con las velas apagadas, los deseos pedidos, las huellas dejadas y la cueca zapateada (en el mejor sentido de las palabras)

Ya en mi casa para variar atrasada, los abrazos justos, las palabras lindas, rebalsada de cariño y de dulce compañía, en las nubes me perdía con sonrisas, trabadas de lengua y bailes coordinadamente descoordinados, con notas que flotaban y canciones que se acoplaban a nuestra voz.

Tantas caras y tantas voces… tantas. Todas las que QUIERO.

Y al otro día…

Se inaugura la temporada de lentes de sol, mi cuerpo no estaba cortado sino que hecho picadillo. MALDICIÓN… QUE DÍA MAS SENSACIONAL!!

Una invitación que me llena de dudas, pero que no puedo dejar pasar. Eran todas triquiñuelas malévolas. Y yo mientras tanto creaba falsas historias, que quede claro que no hubo un momento en que no sintiera culpa por fantasear.
Se hacia tarde y a Manuel Montt 500 fui a parar donde aprendí que dar pasos seguidos no es lo mismos que caminata, buenas conversas, tentaciones de risa, creación de categorías, palabras para pensar. Son las nubes.

Unos rings… Que paso? Por favor dime que paso?
Vente altiro Marcela que tu papá quiere hablar contigo… que paso? Vente Marcela…
(Hooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo)

Además de dedicado esta marcado, el ultimo regalo de mis veintitrés, mennnnntira!
Y me baje, y camine y vi el auto, vi un taxi, y abrí la reja…


Les cuento que finalmente eso de que mi papá quería hablar conmigo SI era verdad, cuando fuimos a dejar a Natalia y a su prima nos contó que después de estar en el servicio y ocupar durante casi tres años bototos negros, empezó a ocupar zapatos café, dijo que era una manera de rebelarse, y le pregunte… pero papá en ese tiempo tu te diste cuenta que era por eso o lo descubriste después, y respondió: no, yo sabia que me estaba rebelando, a entonces no somos tan distintos le dije yo, y me dijo preguntando, ¿te estas rebelando? Y respondí: eso no dices tú, que soy rebelde.
Me quede en silencio y le dije -en eso nos parecemos, no eras muy distinto a mi cuando tenias mi edad.

Parece que el problema no es que somos muy distintos, como siempre creí, a los veintitrés años… reconocí a mi papá, cuando casi a las seis de las mañana en un carrito me compraba un as.


Me hicieron el mejor regalo, que fue su compañía, nada me energiza mas, nada me hace decir tantas veces sensacional. La compañía no se compra en ninguna parte (bueno en algunos casos se da pero no en este) entonces mejor, el sentir las ganas de querer acompañar no tiene valor terrenal ni celestial ni de ninguna dimensión, gracias por estar conmigo, por acompañarme, por compartir nuestras vidas, por aprovechar las instancias, y entregarme su cariño de ésta que fue la mejor manera.


Jamás voy a olvidar mi cumpleaños numero veintitrés.

Gracias.



PD: Nunca antes había limpiado el piso tan agradada.