La piel se vuelve áspera a veces, áspera como escofina y otras… otras se desliza despacio, en silencio en el más grande de los silencios…
Me queda la piel hasta que la vida me lo permita, hasta que me permita hablar con todas las letras que sabe mi lengua, con todas las ganas que toquen la campanilla a más no poder, con todas las sonrisas que quiera disfrutar y las lagrimas y penas que me quiera bancar.
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