Entre el algodón que la cubre en su cama despierta la princesa, con las pestañas pegadas con el maquillaje de la noche anterior, los labios secos, el corazón latiendo como nunca antes, son los sueños la que la transportan a las sensaciones mas nefastas y amargas.
De pie, busca el mejor jabón en la colección que guarda en su toalet, para ocasiones “especiales” y la espuma más cítrica. Comienza a llenar la tina y se hunde en el agua caliente… aguanta la respiración, pasan los minutos y ella bajo el agua disfruta de la espuma en su suave piel.
Envuelta en una toalla elije el mejor vestido, el que queda ceñido y oculta lo que por ningún motivo se tiene que ver. Los zapatos en el tono del vestido, el sombrero pastel conjugan de lo mas bien, casi como la mejor de las oraciones. (Digamos que de cinco perfectas palabras).
Sentada frente al espejo… se pierde en sus pupilas café, acaricia su cara y prepara la mascara; con rimel, polvos, rubor, delineador y labial queda oculta en totalidad la inocencia. Los aros y el collar terminan la armadura.
Sentada en la carroza, se pierde en el verde de los árboles, donde recuerda las sonrisas de niña, las caricias escalofriantes, las mejores lágrimas de la vida, los gritos de pánico y los abrazos de miel. La sacudida de la frenada de los caballos la hace cerrar los ojos, y cae la lágrima, la lágrima que guardo durante meses, la lágrima de dolor y rabia, la lágrima mas negra que haya derramado.
Cuando se abre la puerta es la sonrisa mas dulce la que recibe quien la espera, las pestañas crespas lo pierden en sus pequeños labios, el banquete esta servido, las bandejas planteadas cargan el festival mas colorido de ensaladas, las velas comienzan a arder cuando toma asiento en la mesa.
A la distancia observa, contempla y piensa, la princesa tiene miedo, la princesa bajo su mascara esta asustada. Sonríe, conversa lo justo y necesario… y vuelve a sonreír.
El festín ha terminado, las bandejas están vacías, los restos ya son restos.
La mano se extiende para que se ponga de pie, su mano helada se estira y deja ver sus uñas rojas… desfila tranquila por el pasillo, cuidadosa armonía de sus tacones por el piso de madera. Por la espalda sus brazos son la jaula más maldita, tan pequeña, tan delicada, tan princesa. La voltea, la besa y la aprieta contra si, tan rápido como siempre, no hay tiempo que perder, las cintas del vestido caen al suelo, el ala del sombrero deja ver sus ojos brillar, por su espalda retorcida caen sus manos de hierro gruesas. Perdida en sus parpados se entrega, y la princesa piensa, susurra y sonríe. Enredada en sabanas de lija, su suave piel se rompe y sangra, recuerda una vez más las copas de los árboles del camino, las palabras inofensivas, las soledades de las siestas en el pasto. El la besa una y otra vez, el la mira y clava sus yemas en las caderas, la princesa una vez mas sonríe y el la aprieta mas fuerte. El aire que entra por su nariz arrasa con las melancolías que intentaba tragarse sin que el se diera cuenta.
Pega su mirada en el techo, ella cae como una pluma a su lado. Reacciona con el aroma a café que viene de la tetera que esta en la mesa al lado de la chimenea, que arde como el infierno, como el infierno mismo. Cubierta por la sabana que se arranco de las esquinas de la cama, se sirve una taza, él baja de su país de cobardía y acerca una caja de bombones. Es con el reflejo de las llamas, que brillan sus uñas rojo pasión, toma uno, traga café, en sus labios partidos acomoda la boquilla, temblando se acerca a la chimenea y prende su cigarrillo. Tiembla de frío, ni el infierno mismo que tiene en frente logra calmar el hielo que siente en su piel. El camina a su alrededor, como un animal que observa a su agonizante presa después del ataque.
La princesa toma otro bombón, mientras se derrite en su boca se acerca a su sombrero, que quedo tirado en la alfombra y lo acomoda en su cabeza, recoge su vestido y ajusta las cintas en su cintura, no hay nada que decir. Sus zapatos calzan a la perfección con el camino de regreso. Abre la puerta de la carroza, se ahoga en sus palabras y da la orden de partida. Mira su reflejo en la ventana y seca su negra lágrima.
me salgo un poco de mi papel para decir, la huea brijida, cuento culiao me llegó a desesperar, era todo lo que pense desde un comienzo, el estilo de narrado lo hace cada vez mas envolvente y te metes mas en la miserable vida de la chica de rojo.
ResponderEliminaresto es un cuento y asi como escribiste esta maravillosa pieza, y si, no me lo esperaba tan bueno, asi mismo puedes escribir muchos mas.
me gustó caleta "Sus zapatos calzan a la perfeccion con el camino de regreso" que frase ams espelusnante. otra que resume muy bien tambien y que me gusto mucho fue "su mano helada se estira y deja ver sus uñas rojas"
buenisimo en general :)